El último mohicano
o el fin de los oficios
Hace muchos años, en el tiempo de esplendor de las artes gráficas, existía una auténtica devoción por la calidad y la innovación. El sector poseía un conocimiento técnico profundo y sabía cómo cuidar las relaciones. Había amor propio y voluntad de excelencia.
Todo esto está en peligro, pero estas líneas no son un lamento ni son fruto de la nostalgia. Son una reivindicación de las mejores tradiciones de las artes gráficas. La constatación del valor estratégico que tiene el vínculo cliente-diseñador-imprenta. Y un reflejo del orgullo que sentimos los impresores de ayer, de hoy y de siempre por nuestro oficio.